¿Qué es un logopeda?

La Logopedia es la disciplina que engloba el estudio, prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la comunicación humana, manifestados a través de patologías y alteraciones en la voz, el habla, el lenguaje (oral, escrito y gestual), la audición y las funciones orofaciales, tanto en población infantil como adulta.

 

¿Qué es la logopedia? ¿Para qué sirve hacer un abordaje logopédico? ¿Por qué mi hijo necesita un logopeda? ¿Mi hijo podrá hablar bien? No me escucha cuando le hablo. ¿Qué hago? ¿Si hace todas las sesiones de logopedia se recuperará? ¿Se requiere mucha constancia en el tratamiento? ¿Hay posibilidad de recaer en el trastorno de la comunicación? ¿Es importante hacer un seguimiento logopédico? 

Éstas son algunas de las primeras preguntas que surgen ante el desconcierto de un trastorno o retardo del lenguaje, del habla o de la comunicación. 
Cuando los familiares despliegan esta batería de preguntas e inquietudes y tienen, muchas veces, la sensación de haber llegado tarde, a destiempo, porque se han saltado el proceso de prevención y orientación inicial. 
La logopedia tiene como finalidad bien definida: la información, la prevención, el diagnóstico, el pronóstico, el tratamiento y la evaluación integral de los trastornos de la comunicación humana: ya sean trastornos del habla, del lenguaje o de la comunicación, y el seguimiento a lo largo de todo un proceso de intervención. 

¿En qué situaciones sería conveniente hacer una consulta a un logopeda? Siempre que algún adulto como: los padres, el médico pediatra o profesor, el psicopedagogo escolar, lo encuentren conveniente, ya que son los primeros observadores directos del niño. 

Ellos detectan las primeras señales de alarma, las primeras manifestaciones. Su obligación es pedir una opinión profesionalizada, derivar a un equipo logopédico para que se realice un estudio completo del área que corresponda. 

Existen muchos indicadores y síntomas a tener en cuenta, entre ellos podemos nombrar los más frecuentes: Que no se comprenda cuando habla el niño, que con frecuencia el niño “se coma sonidos”, o que agregue otros sonidos; que respire con la boca abierta, que tenga dificultades para pronunciar algún sonido, que se encuentre afónico con frecuencia, que manifieste que no escucha bien, que no discrimina ruidos de sonidos, que no hable o hable muy poco, que presente cambios muy drásticos en la voz, que presenta alteraciones físicas, por ejemplo parálisis cerebral, espina bífida, etc. 
Además, que presenta alteraciones sensoriales, que presenta retraso general en el desarrollo y el lenguaje, que se descentra con facilidad ante cualquier situación de la vida diaria, que no logra seguir consignas lingüísticas simples y que presente dificultades a la hora de escribir o leer correctamente. 

Solo estas son algunas de las causas más características que podemos mencionar en cuanto a los problemas que pueda ver u observar. Ante todo ello no funciona el “ya hablará…”, una actuación precoz es imprescindible para abordad cualquier alteración por muy leve que esta sea, ya que en edades tempranas los resultados son más rápidos y óptimos, además de evitar el asentamiento erróneo de patrones incorrectos que nos puedan llevar al empeoramiento de la patología.

 

“Una actuación precoz es necesaria para actuar de manera inmediata sobre las posibles alteraciones”

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